1 Corintios 7:26-28.- Pienso que a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está. ¿Estás casado? No procures divociarte. ¿Estás soltero? no busques esposa. Pero si te casas, no pecas; y si una joven se casa, tampoco comete pecado. Sin embargo, los que se casan tendrán que pasar por muchos aprietos, y yo quiero evitárselos.
El matrimonio, como está expuesto en la página "Entendiendo el matrimonio", es un serio compromiso ante Dios, que obliga a prepararse para iniciar esa etapa tan importante en la vida de una persona. y es precisamenbte lo que quiero significar con este trabajo, pues sin ser un curso prematrimonial, lo que pretendo es alertar a quien lea esa letras, que debe tomar con igual seriedad y sinceridad el tiempo de conocimiento que siempre hemos llamado noviazgo.
Pero es que resulta que el noviazgo, es un período de tiempo que como dijimos antes, se vive para conocer a la pareja con quien se está relacionando, pero sin convivir con ella, ni tener relaciones sexuales, ni buscar otro tipo de interés diferente al de encontrar una persona adecuada para unirse a ella para el resto de la vida, lo que quiere decir que se trata de prepararse para tomar una decisión que afectará radicalmente su vida, pero que algunos jóvenes hoy en día han acomodado a su manera, y se unen como si fueran esposos sin serlo, es decir asumen una vida sexual activa, lo que es censurado por Dios, y se identifica con un pecado severamente rechazado por el Señor, como es la fornicación.
2 Timoteo 2:22.- Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.
Acaso ¿el matrimonio es sinónimo de vida sexual activa? No es cierto, puesto que este aspecto es uno de los que componen el matrimonio, pero no el único, pero desafortunadamente se le da mas importancia que todos los demás campos que componen el matrimonio, y eso lo podemos percibir en la radio, la televisión, el internet, donde este aspecto es repetitivo hasta la saciedad, olvidando las responsabilidades dadas por Dios, el amor no carnal, el respeto mutuo, la educación de los hijos, la razón por la que Dios instituyó el matrimonio, lo que significa ser padre o madre, etc.
Entendiendo esto, podemos determinar la importancia del noviazgo bien llevado para disfrutar de una buena vida matrimonial, pero el problema radica en que esta etapa, que como dijimos antes existe para conocerse mejor cada uno de los futuros cónyuges, en muchos casos no cumple su verdadero objetivo, sencillamente por la falta de verdad y de sinceridad, ya que en vez darse a conocer como es cada uno, se ocultan los defectos, y lo que se muestra es una agradable personalidad, que lo único que trata es de venderse a su pareja, como la persona ideal, y entonces en este período, se aceptan los gustos y costumbres de la pareja, dando a entender que le son de su agrado, y cuando se casan, sale a flote la verdadera personalidad, que tiene gustos y costumbres diferentes a la pareja y que ahora que ya tiene "asegurada" a su esposa u esposo, se resiste a cambiarlos para adoptar los de la otra persona.
Así las cosas, se vive un engaño, y cada uno se iusiona con lo que va a ser su vida matrimonial, pero muy pronto surgen las diferencias, y también aparecen las características propiamente humanas y materiales, que no tendrían la misma fuerza si ese corazón estuviera controlado por el Señor Jesucristo, puesto que siendo él la verdad, eso sería lo que se exteriorizaría a cambio de la mentira que Satanás coloca en el corazón de los hombres, fortaleciendo la vanidad, el orgullo y el egoísmo, que son los elementos que confirman la vida inclinada hacia el materialismo.
Teniendo claros estos conceptos, podemos discernir que el matrimonio debe ser una extensión del noviazgo, siempre y cuando este último transcurra sujeto a la voluntad y enseñanzas de Dios, porque de lo contrario no es posible, y simplemente en el matrimonio se ajustan los comportamientos a lo que verdaderamente hay en el corazón de cada uno, y así, tendremos los matrimonios que permanecen unidos y felices en medio de las dificultades que con toda seguridad se presentan, o los que deciden separarse una vez se conoce la verdadera forma de ser de la pareja, y que es bien distante de la que se tenía cuando eran novios.
En conclusión, tanto el noviazgo como el matrimonio deben regirse por una relación sincera que cada uno tenga con Dios, y que ambos caminen con una vida transparente, sin mentiras, sin engaños y sin hipocresía, y dependiendo en un ciento por ciento de Dios, o sea que no será bueno una unión en yugo desigual, o sea que cada contrayente o novio, tenga una creencia diferente en lo que a Dios respecta.
2 Corintios 6:14-15.- No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿Oqué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?
La unión entre un hombre y una mujer debe ser total, es decir de cuerpo, alma y espíritu, y no solo de cuerpo que es lo común hoy en día, y buscar una transparencia ante Dios para encontrar una verdadera y saludable intimidad con su pareja, porque de lo contrario, la meta a llegar será incierta.
1 de Juan 1:7.- Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.