- Matrimonio eclesiástico - Matrimonio Civil -

Marcos 12:17.- Denle, pues, al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.

El matrimonio es una institución divina establecida por Dios desde la creación del hombre y la mujer, con lo que sabiamente él quiso formar la familia para evitar la disgregación confusa e incontrolable de la humanidad, iniciando así la célula de cualquier sociedad.

Con el transcurrir del tiempo, el hombre se fue dejando llevar por su humanidad y por el apego a las cosas materiales, y esa avalancha social ha ido envolviendo a quienes se dejan, y entonces ha logrado que se vayan apartando de Dios y al llegar a la época actual, encontramos que existen diferentes formas de unión entre hombres y mujeres, de los cuales sólo una se rige por las enseñanzas de Jesús, conservando la voluntad de Dios mostrada desde el comienzo de la humanidad cuando creó la primera pareja formada por Adán y Eva.

Cuando Dios instituyó el matrimonio, su deseo fue que los cónyuges convivieran sexualmente solamente después de realizada la boda,(1 Tesalonicenses 4:3) pero todos vemos como decíamos antes, que la costumbre de la gente va haciendo ley en todos los que tienen la mirada apartada de Dios, y entonces se unen a esa tradición que como es practicada por mucha gente, ya no la miran como desobediencia a Dios, sino como acoplamiento a la modernidad de la época, y deciden vivir en unión libre inicialmente, como un período de prueba, para determinar si en verdad pueden vivir en matrimonio, pero con el peligro de quedarse así para siempre, y como es claro, en pecado de fornicación, al unirse sexualmente fuera del matrimonio.

Entonces y tal como lo mencionamos antes, las tres formas de unión entre el hombre y la mujer que existen ahora son:
Matrimonio eclesiástico
Matrimonio Civil
Unión libre

El matrimonio eclesiástico, se realiza ante Dios y está basado en los principios establecidos por el Señor en la Biblia, el cual debe ser administrado u oficiado por un jerarca de la Iglesia.

Matrimonio Civil, se realiza ante un hombre y está basado en principios establecidos por los hombres, y es administrado u oficiado por un Notario o Jerarca civil.

Unión libre, se basa en un compromiso personal de la pareja, que al estar contrariando lo establecido por Dios, constituye un pecado de fornicación y por lo tanto no cuenta con la bendición de Dios.

Viendo así las cosas ni el matrimonio civil y mucho menos la unión libre reemplazan el matrimonio eclesiástico, lo que nos deja ver con claridad, que quienes están unidos según las normas humanas, y no confirman esta unión con las normas divinas, se encuentran sencillamente en desobediencia a Dios, y por lo tanto se verán privados de las bendiciones del Señor, al rechazarle a él mediante este comportamiento equivocado para quienes dicen ser cristianos, o manifiestan profesar una religión cristiana, puesto que nuestro Padre celestial siempre nos habla del matrimonio como una institución establecida por él, e inclusive le da su plena aprobación cuando Jesucristo asistió a unas bodas que se hicieron en Caná de Galilea, donde le vimos hacer el primer milagro en su vida pública.

Mientras el matrimonio civil se puede romper con un simple acuerdo de voluntades, encontramos que el matrimonio por la Iglesia es para toda la vida, y así empezamos a ver la gran diferencia entre lo que el hombre establece y lo que Dios dice, y cito sólo este ejemplo para mostrar que son dos eventos totalmente diferentes que nos deben mover a hacer las cosas como Dios manda, o en otras palabras obedecer a Dios antes que a los hombres como leemos en Hechos 5:29, puesto que los hombres ven el matrimonio como una sociedad compuesta por dos personas, y en cambio Dios lo ve como la conformación de una sola persona mediante la unión de un hombre y una mujer, y aunque la unión de los dos sexos hace una sola persona,(1 Corintios 6:16), esto no es contemplado así en las leyes humanas, quienes como lo dijimos antes se encuentran ante una sociedad como cualquier otra formada por dos seres humanos, donde entran en juego más las cosas materiales que las espirituales, lo cual es lógico en el pensamiento carnal,

Pero cuando el matrimonio se realiza en la presencia de Dios, y se acepta su palabra como normas para vivir ese nuevo estado, allí se da toda la importancia a las cosas espirituales, y por ello al llegar a fundirse en un solo cuerpo, ya no será posible la separación, como fácilmente lo hacen los hombres en sus reglamentos llenos de interés material para la nueva sociedad.

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, es muy importante que quienes han tomado la decisión de seguir a Cristo, o servirle, deben comenzar por obedecerle, puesto que no es entendible que alguien quiera seguir o servir a quien no obedece, por lo que las parejas que aún no se han unido bajo el matrimonio eclesiástico lo lleven a cabo como primer paso para iniciar una buena relación con el Señor, basado en la obediencia a sus mandatos.