Cada predicador suele aplicar su estilo personal en la preparación y presentación de la predicación, pero lo importante es que no se aparte de la verdad escrita en la palabra.
1- IMPROVISACIÓN.- Se trata de hacer una predicación sin previa preparación o improvisando mientras se hace. Hay predicadores que nunca prepararn sus mensajes aduciendo en que confían en el Espíritu Santo, o en sus habilidades oratorias, pero en verdad esto es simplemente PEREZA.
Para practicar esta forma de predicación se requiere muy buen conocimiento de la Biblia, porque de otra manera sería muy difícil soportar con citas Bíblicas lo que se dice, que confirmen lo que se está predicando, y sin preparar los sermones, menos se puede conocer el contenido de la palabra de Dios.
Además fácilmente se puede desmedir en el tiempo que se tenga programado para esa predicación, y si no se domina perfectamente esta forma de predicar, se puede caer en un tiempo de divagación sobre algún tema que puede estar separado del tema principal esbozado en la introdución.
2- LECTURA.- Leer la prédica o sermón ante una congregación asegura la exactitud de la exposición y sus declaraciones, permanece dentro de los límites de tiempo, pero impide el uso de ayudas corporales y de expresión, y además crea una barrera entre el orador y el auditorio, al no permitir tener una visión sobre toda la comunidad, y a llevar a la gente a pensar que todo lo que se habla nace de otros escritos diferentes al corazón del predicador, y además impide la movilidad y expresión espontánea, causando así monotonía a la reunión.
3- MEMORIA.- Aprender un escrito de memoria para presentarlo en la reunión. Obstaculiza la naturalidad de la prédica al pronunciar el sermón.
Esta forma de predicación se parece al de la lectura, con la diferencia que en vez de leer en un físico, lo hace de la memoria, y como se mencionó antes pierde naturalidad, pues se nota que se está hablando algo aprendido.
4- FORMA SINÒPTICA.- Escoger un tema, asunto, texto de la Escritura o pasaje, para estudiarlo y desarrollarlo en forma de bosquejo o esqueleto, sobre el cual se coloca el ropaje o material, que viene a ser como la piel que cubre el esqueleto, dándole forma, belleza y poder con el propósito de grabar las verdades principales del sermón y fijar las intenciones en los corazones de los oyentes.
Esta es la forma más común e utilizada por los predicadores, que requiere una buena preparación previa, con oración y estudio de la palabra de Dios.
Aquí el esqueleto o bosquejo se usa con el fin de guiar o recordar al predicador acerca de lo que debe decir y de lo que tiene guardado en su mente.